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"IMBATIBLES" FLORENCIA Y AGUSTINA GONZALES NUNCA FALTARON A CLASES DESDE LOS 3 AÑOS

"IMBATIBLES" FLORENCIA Y AGUSTINA GONZALES NUNCA FALTARON A CLASES DESDE LOS 3 AÑOS

JUEVES 15 DE DICIEMBRE DE 2016
EL INFORMATIVO
Son hermanas y comparten hasta el récord de asistencia perfecta.

En la casa de los González, en Monte Grande, partido de Esteban Echeverría, el despertador suena antes de las seis todos los días. Los tres hijos son los primeros en levantarse, a ninguno se le ocurre quedarse un rato más en la cama y llegar tarde a la escuela. Ni siquiera, consultar a sus padres si pueden faltar porque llueve, truena o nieva. Las dos hijas más grandes, Agustina, de 16 años, y Florencia, de 12, llevan 10 y 14 años, respectivamente, sin faltar un solo día a la escuela. Lejos de quejarse, se enorgullecen de ese gran logro que consiguieron con años de constancia. Sus padres, también.

Agustina pasó ya al último año y desde el jardín de infantes cuenta con asistencia perfecta. Florencia, acaba de terminar la primaria y además de tener asistencia perfecta desde los tres años, tiene un promedio que supera el 9,50. "Ella es la que más estudia", señala Agustina haciendo referencia a su hermana.

Sus padres, Daniela Ribote y Ricardo González, dueños de una remisería, incentivan a que sus hijos no pierdan días de clase. Para ellos, faltar no es una opción. "En casa pegamos carteles por todos lados con la palabra responsabilidad. Pero más allá de que esto sea una responsabilidad, es una responsabilidad que no todos cumplimos, entonces que el colegio pueda incentivar y hacer una mención de este esfuerzo de no faltar nunca, está bueno", comenta Daniela, que durante una charla con LA NACION en el colegio San Agustín, al que asiste Florencia, pedía a los directivos que estimulen cada vez más a los estudiantes a no faltar.

"No es normal, las chicas son las únicas", dice el director del colegio, Gustavo Preiti. Mientras que Florencia va al San Agustín, Agustina se pasó al Vicenta Vidal Bou al elegir la orientación de humanidades. Quiere ser azafata. Florencia quiere ser maestra; para ella, ir al colegio "es un hábito".

¿Nunca les dan ganas de faltar? "Alguna vez sí, pero sé que tengo que venir", dice Florencia. Agustina admite que jamás quiso faltar. Reflexiona que esta disciplina en el colegio le "podría servir para el trabajo: para no faltar, estar al día".

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"Algunos te corren por el lado de que no van al colegio público, pero acá no analizamos si es público o privado", explica Ricardo. "Esto nace desde la casa; comprometerse y no ver si la institución es pública, privada o rural", añade.

Diego Darrúos, representante legal del San Agustín, dice que este año dos chicos del secundario quedaron libres: "Son de familias de clase media o media para arriba, no es que no tienen en qué venir cuando llueve".

El factor suerte fue importante para las hermanas. "Agustina tuvo varicela, pero durante la colonia, después, nunca se enfermaron. Sí pasó alguna vez que se retiraron antes porque se sentían mal. Pero nunca se trató de una enfermedad que requiriera faltar varios días. Si llegamos al año que viene, lo de Agustina sería un récord. No hay registro en la ciudad de otros casos", comenta orgullosa su madre.

Por problemas de salud, el hermano menor, Matías, de 10 años, no pudo tener asistencia perfecta por hacer consultas médicas.

"A nuestros hijos les inculcamos responsabilidades diarias: higiene personal y orden en la casa. Nos dividimos las tareas. Todos los días les digo que su única obligación es ir al colegio y estudiar", dice el padre. "Sólo pueden usar el celular o la computadora dos horas por día", remata la madre. A pesar de eso, las chicas son muy activas en las redes sociales. "A Florencia la premiamos por sus logros con un celular y resulta que empezó a bajar las notas, entonces se lo sacamos", explica.

En 2011, LA NACION había contado la historia de Agustina cuando terminó la primaria. A partir de ahí, relata que hubo más casos de mejor asistencia entre sus compañeros, pero también aumentaron las cargadas. "Les digo que no se enganchen, que esperen el resultado. Que vean a dónde pueden llegar ellas y a dónde llega el que te carga por ir siempre al colegio", dice Daniela.

El año que viene, el último de Agustina, sus compañeros se irán de viaje a Bariloche. Ella, no. "El viaje es un descontrol, algunos compañeros míos tampoco van. Sale $ 45.000", dice. Su mamá le ofreció hacer un viaje en las vacaciones de invierno a otro lugar, para que esa inversión importe un aporte cultural. "Aunque sea con tres o cuatro amigas, pero no gastar esa plata en un viaje descontrolado", explican. Para ellos, lo ideal sería que los viajes de egresados se transformaran en viajes de estudio.

FUENTE: LA NACION
EL INFORMATIVO

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